Narra Effy.
Cuando Helena y yo llegamos al local donde se iba a celebrar
la fiesta todavía habia técnicos comprobando los altavoces y los equipos de
música. No tardaron mucho en ir llegando los invitados.
-Vale creo que ya lo tengo claro, pero estoy muy nerviosa,
Effy, ¿Y si lo hago mal?
-Pues le dices al idiota de mi jefe que se aguante y que
hubiese contratado a otra.
-Fuiste tu la que quisiste...
-Da igual. Venga, toma esta bandeja y reparte estas copas.
Conseguí reducir los nervios de Helena, porque a medida que
pasaba la noche la veía mas relajada.
La noche estaba saliendo genial. Se podia ver a todos los
invitados disfrutando, bailando y bebiendo. Eran las siete y todavía no se
había marchado nadie. En una hora se cerraria el local y lo normal en estas
cosas es que haya gente que una hora antes de cerrar ya se este marchando. Y
ese no era el caso. Bien.
Narra Helena.
El jefe de Effy le pidió que fuera al otro extremo del local
a reponer comida.
-Vete, yo me encargo de esta zona.
Vi como en la zona mas cercana a la puerta habia varias
personas haciendome gestos con la mano reclamando mas champan asique cogí una
de las bandejas y la llené con tantas copas como me cupieron. La barra era
estrecha por lo que tuve que salir marcha atrás. Cuando llegue al extremo giré
para dirigirme al fondo del local cuando de repente choqué con alguien haciendo
que se me cayera la bandeja y se estampara en su pecho, manchándole y
empapandole toda la camisa blanca.
-¿Pero que coño haces?-Su voz era ronca, lo que imponía aún
mas.
-Yo... Yo lo siento mucho. Madre mía.
Cogí unas cuantas servilletas e intenté limpiarle la camisa
pero él me quitó la mano con brusquedad.
-Déjalo, anda, déjalo.
-Yo, de verdad que lo siento. Si hay algo que puedo hacer.
-Si. Largarte.
Noté el desprecio en sus ojos, creo que eran verdes pero
había poca luz como para asegurarlo 100%. Decidí hacerle caso y salí de ahí lo
antes que pude. Me excusé al jefe de Effy diciendole que me encontraba mareada
y debió colar porque me dejó ir. Antes de salir, cogí una botella de vodka del
caro de la barra y me la llevé conmigo. Me haría falta. Cuando estaba a punto
de salir me di cuenta que no llevaba mis llaves porque tenía pensado volver con
Effy. Entré para buscarla y pedirselas pero no la vi por ninguna parte.
Minutos antes.
Narra Effy.
Estaba sirviendo chupitos de ron entre los invitados del
fondo. Estaba realmemte contenta de haber ido allí. Ya le había echado el ojo a
algún chico y en cuanto tuviese la oportunidad me acercaría a hablar con ellos.
-Preciosa, sirvemé otro mas.
Era un hombre de unos 50 años con barba canosa. Lo que mas
me desagradó de su aspecto fue su cara y su mirada lasciva. Estaba muy ebrio.
-Lleva ya muchas, señor. Me temo que no le voy a servir más.
Me di la vuelta para irme cuando el me agarró del brazo.
-Bueno, pero no te vayas, podemos seguir hablando.
Me acercó tanto a él que podía oler su aliento. Apestaba a
alcohol.
-Suelteme, por favor.
El hizo caso omiso y con su mano derecha y tiraba de él
obligándome a torcer la cabeza. El aprovechó para meter su cabeza en mi cuello
empezo a besarlo. Asqueroso y repugnante.
-¡He dicho que me sueltes! ¡Dejame en paz!
Iba subiendo su boca hacia la mía y yo ya estaba al borde
del llanto. ¿¡Pero esque nadie de los que estan aquí ven nada o que pasa?!
-¿No la has odio? Sueltala.
Oí una voz detras de mí. Era una voz dura y transmitia mucha
seguridad. Sentí como me quitaban un enorme peso de encima.
El hombre se quitó, se balanceó, por culpa del alcohol, y
desapareció. Yo resoplé y me volví para poder ver quien me había ayudado.
-¿Estas bien?-Me preguntó.
-Ya si.-Sonrió y se dió media vuelta.-Gracias.
-Solo las aceptaré si vienen acompañadas de una copa bien
cargada.
-Trato hecho.
Tenía unos ojos preciosos, un color miel que brillaban en la
oscuridad de aquel local.
-Me llamo Effy.-Al ver que no respondía decidí preguntarle
yo.- ¿Y tu?
Me miró extrañado pero finalmente respondió: Zayn.
Estuvimos un buen rato hablando. Zayn parecía conocer el
local porque me llevó a la planta de arriba, yo no sabía que existía.
-Si subimos aquí no te volverás a encontrar con ese cerdo.
Ni con tu jefe.-Choqué mi copa con la suya en señal de aprobacion y seguimos
hablando. Creo que los invitados ya se estaban empezando a ir, pero no nos
movimos de alli.
Narra Helena.
No se cuanto tiempo debía llevar ahí sentada en la puerta
del local. A la botella de vodka apenas le quedaban dos dedos. Eché un último
trago y desaparecieron por mi garganta.
-¿Esta esperando a alguien señorita?-Una voz masculina a mi
espalda. Me costó entenderle por lo rápido que lo pronunció.
-Creo que a mi amiga, pero todavia no ha salido, asique eso
es que no esta dentro, y si no esta dentro no la estoy esperando. Pero claro
tiene las llaves de casa ¿y yo ahora como entro?
Madre mia, el vodka ha hecho más efecto del que yo pensaba.
Veo la cara borrosa del chico acercarse. Cuando sonrie se le achinan los ojos.
No he visto cosa más dulce en mi vida. Me ayuda a levantarme, pero me tambaleo
y él me tiene que agarrar más fuerte para no perder el equilibrio y caerme al
suelo. En una de estas mi cara queda a escasos centimetros de la suya, y piedo
notar su respiracion entrecortada. Después, todo negro.
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